Micro-relato gastronómico.

 

Cada vez que pensaba en su rostro deleitándose con mis platos, aquellos ojos entrecerrados me alentaban a cocinar. Y cuanto más sencillos, más le gustaban. Masa de hojaldre, dos lonchas de gouda, pimienta, sal y al horno, a 220 grados durante 35 minutos. Y sí, mucho cariño para mi pequeña que, con su prodigioso olfato y su mirada traviesa, ansiaba comer aquel delicioso hojaldre de queso. Daba lo mismo lo que hiciera: “carpaccio” de ternera, cocido o huevos fritos. El disfrute reflejado en sus grandes ojos azules incitaba a mi imaginación a crear platos que nunca defraudaban su buen gusto.